lunes, 21 de julio de 2014

Reseña de La Hermandad de la Sábana Santa de Julia Navarro

La Hermandad de la Sábana Santa es una novela de 12. He tenido el placer de descubrir este verano a Julia Navarro y tengo que decir que los dos libros que he leído hasta ahora - Dispara, yo ya estoy muerto y La Hermandad de la Sábana Santa- me embelesan. A pesar de estar acostumbrada a los finales felices (y un tanto utópicos) a los que se suelen rendir los escritores, sienta bien este tipo de prosa que se te mete tan dentro de la piel y con la que puedes sentir el dolor e indignación de los protagonistas.

He de confesar, que suelo leer este tipo de novelas de la mano de Dan Brown y que al negarme ese final feliz con el que nos suele obsequiar me he sentido decepcionada. Pero tras unos segundos, una sensación de placer ha empezado a recorrer mis entrañas, pues no todos consiguen esta mezcla de admiración y rabia que ha despertado en mí este libro.

Me ha gustado mucho más que las de Dan Brown porque no aburre con páginas llenas de datos que te acaban saturando, sino que va insertando los datos bajo la apariencia de  una historia. Vais a tener que perdonar mis continuas comparaciones con Brown, pero hasta ahora había sido mi referente en este género.
Por último, avisar que las dos novelas que yo he leído no tienen nada que ver la una con la otra. Pero las dos me han parecido exquisitas.

Simplemente genial.

lunes, 12 de mayo de 2014

Memorias de una ameba

Te escondí de mi vida, de mis recuerdos. Y por si no había suficiente, escondí cada objeto que llevara tu nombre. No quemé nuestras cartas, ni nuestras fotos. Pero las que no borré, las guardé entre tantas carpetas que espero que algún virus me las robe antes de que yo consiga encontrarlas.

Busqué en mi memoria pequeños detalles que te hicieran débil, que me hablaran de tu imperfección. Que me hablaran de todo aquello que nunca quisiste decirme, de aquello que yo nunca supe ver.

Ahora que he recuperado mi voz y mis ganas; ahora que vuelvo a ser yo misma, espero que algún día durante tu vida, haya algo que te recuerde a mí y que te haga maldecir el día en que me dejaste escapar. Y créeme si te digo, que desde la distancia mi corazón lo sentirá.

viernes, 9 de mayo de 2014

24 minutos y medio

Fue un instante lo que tardé en fijarme en él. Era menudo y frágil. Atractivo y perturbador. Me quedé mirándolo. Él con sus rastas y yo con las uñas recién pintadas. Se dio cuenta y me devolvió la mirada. Fue uno de esos combates de los que sabes que no va a salir ningún ganador, pero que atraen tanto como asustan. Entonces una gota de lluvia me cayó en la mejilla, y después otra. Rápidamente una cortina de lluvia fue cayendo sobre la ciudad. Y allí estábamos nosotros. Dos desconocidos que no querían aceptar que no se verían nunca jamás.

martes, 1 de abril de 2014

La chispa del dolor

Éramos tan jóvenes que una chispa bastó para encendernos. Éramos tan ciegos que no vimos el incendio hasta que nos estábamos ahogando. Éramos tan románticos que creímos que aquello era amor del verdadero, del que duele.
Un día me desperté y ya no estaba. No la busqué. Hice la cama con cariño, oliendo lo que quedaba de su perfume. A los dos días volvió, noté cómo su cuerpo volvía a reposar en esa cama que me parecía tan fría. Esa mañana no nos saludamos, nos bastó una mirada para saber lo que había pasado. Desayunamos  tostadas y una taza de melancolía antes de despedirnos para siempre. Aquella vez fui yo el que se marchó, sentí en cada fibra de mi alma que debía hacerlo.
Los amores que queman enganchan, te enloquecen. Y solo los locos son felices con esa vida. Yo la quería, os lo juro, pero una noche en aquella cama vacía fue suficiente para entender que nunca podríamos llegar a ser sin doler.

jueves, 16 de enero de 2014

Las hazañas del amor perdido

¿Existen las hazañas de amor o dejamos que las cosas simplemente pasen?
En una sociedad en la que la gente camina a 100 por hora y en que el único rato que tenemos libre lo dedicamos a beber ¿perduran aún esos gestos caballerescos por recuperar tu amor arrebatado o se han perdido entre cerveza y cerveza?
Se supone que somos la generación que no se debe dejar vencer, que luchamos por nuestros derechos y que denunciamos a voz de grito las irregularidades, ¿pero cuando se trata de nuestro corazón, intentamos que se escuchen nuestros derechos como amantes? Las palabras aumentan de número en las relaciones. Horas de teléfono charlando son REQUISITOS indispensables del día a día en un contrato sentimental y la cantidad de mensajes por WhatsApp durante el día es incontable, pero ¿todo este cúmulo de caracteres provoca que las despedidas y las rupturas sean cada vez más escuetas? ¿Ya no quedan palabras por decir? 
Las rupturas no son fáciles si no son mutuas, pero qué menos que ser sincero y dar una explicación, ¿no? O eso es lo que tenía yo entendido, porque ahora la última moda es no responder, dar por entendidas las palabraspalabras que no se han dicho. Cuando la persona con la que has hablado día y noche ya no te interesa, pues no le respondes «a buen entendedor pocas palabras bastan» dice el dicho.
Obviamente estoy hablando de relaciones a distancia en las que no queda otro remedio que la tecnología. Aunque no os confundáis, bastarán pocas palabras, pero hay ciertas cosas que se necesitan oír aunque ya las sepas. Dentro de esta categoría entrarían los «te quiero» , los «me gustas» , los «me caes mal», los «no te aguanto» , y, por último, los «tenemos que dejarlo». Y no son tan difíciles de decir si lo piensas bien, incluso son cortos y la mayoría no tienen r por si vas borracho.
Y si ya no luchamos por nuestros amores, ¿nos hemos convertido en seres que aceptan una ruptura así sin más? No amigos, nuestra neuronas y cada célula de nuestro cuerpo no nos permite aceptar algo que carece de sentido lógico para nosotros. Ahí es donde entran en juego las hazañas por amor, que, para quien no lo sepa se basan en llevar a cabo alguna locura para poder recuperar a esa persona que nos ha desdeñado, porque nuestra mente cree que «quizá si le pudiera ver entendería que aún me quiere». No, señores. Ya no hacemos así las cosas. Ahora lo que pensamos es «No voy a decirle nada más porque sino pareceré una pesada» cuando lo que tendríamos que pensar es «Maldito cabrón, ahí se te caigan los dedos por no dignarte ni a darme una explicación» o, simplemente, escribir ese mensaje que llevas deseando escribir desde que esa persona te empezó a putear y que te habías retenido por miedo a no poder recuperarla. Este mensaje posee el mágico poder de devolvernos la dignidad perdida y hacernos hinchar el pecho cual pavo real. Son sólo tres vocablos: Que te den.
Oh sí, esto devuelve la dignidad hasta a un pez rebozado. O, al menos, te quita un peso de encima.
De todas formas, he de admitir que he mentido un poco. Siguen existiendo las hazañas por amor, seguro que todos tenemos un amigo que es súper romántico y que ha hecho mil y una locura por alguien y que tú piensas «¿por qué nadie hace esas cosas por mí?» y si me dais permiso os contestaré yo misma: Porque tú no lo harías por nadie.
Dios los crea y ellos se juntan, y como habréis notado, esta entrada rebosa cinismo por todos los sitios. Y una cínica solo hace buena pareja con otro igual o menos romántico aún. Y así nos va. Esto es España señores, no sé si tendrá algo que ver, pero seguro que sí.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Los tres tipos de días que rigen nuestras vidas

Me considero una coleccionista de instantes, me gusta acariciarlos, disfrutar ese momento de paz que sientes mientras escuchas una canción, o esa sensación de bienestar que te produce saborear un silencio. Pero cuando pienso en el pasar del tiempo, no puedo evitar reírme, me resulta tan curioso…

Hay días que pasan con delicadeza; intentan tratarte con cariño para no modificar nada de tu vida. Su propósito es pasar desapercibidos y dejarte igual que estabas antes que ellos llegaran. Son los llamados días de paz, de soledad, o de felicidad. No importa qué sentimiento sea el que perdure, son días benevolentes que lo que tratan es permitir que te acomodes. Crear una etapa de tu existencia en la que sepas lo que va a pasar al día siguiente. Si estos días no existieran todo sería agotador,  una espiral negra que nos enloquecería.

¿Pero existe la vida sin cambios? No. Así que, por otra parte, están los días que son los revolucionarios de tu vida. Pretenden cambiarlo todo: desde tu peinado hasta el color de tu novio. ¡Hey, stop queridos! Esos días hay que mantener la calma, aceptar los cambios –si no con gusto con elegancia- y no tratarlos muy bien (no sea cosa que les apetezca volver demasiado pronto). Sea como sea, después de estas jornadas de cambios en las que lo único que perdura es tu nombre, tenemos que aprender a amar nuestra nueva vida, no ponerle cara de asco, e ir justificando las ausencias.

 Life’s carry on entona Passenger en su última canción Holes. Así que yo, si lo dice él, me lo creo.  Por esta razón, y por muchos artistas más que han cantado lo mismo mucho antes que él, he aprendido a apreciar otro tipo de día: el de transición. Es ese en el que te vas dando cuenta de las pérdidas que los días revolucionarios han ocasionado, en el que haces una lista de las cosas que debes tirar a la basura porque no volverán a hacerte falta. Datos inservibles de la vida de los demás, sueños que nunca pasaran al plano de la realidad, recuerdos que se quedan en el fondo del corazón. Las despedidas son esenciales en este tipo de días, son las que te permiten avanzar sin dolor, solo con un poco de nostalgia. Pero a mí me gusta considerar a la nostalgia el orgasmo de la tristeza, es algo que solo consigues cuando lo que se ha llevado el tiempo era real.


Lo bueno de la vida es que la mayoría de los días son felices. Solo hace falta fijarse en los detalles. Gozar con una pequeña sonrisa como si de la más bonita del mundo se tratara, bailar tu canción preferida en tu habitación con los ojos cerrados, sorprenderte con la historia de un libro aunque ya imaginaras el final, reírte sola porque acabas de hacer una tontería, arreglarte un poco para verte guapa. Al fin y al cabo, la relación más profunda que tendremos durante nuestra vida será con nosotros mismos. ¿Y hay algo más bonito que mantener una feliz relación de por vida?

"Yeah we've got holes, but we carry on" Holes, Passenger

viernes, 13 de diciembre de 2013

Lo que pasa después de una ruptura

Mi corazón lo deseaba con tal fuerza que ni el razonamiento más sensato de mi mente hubiera cambiado ese sentimiento.

El aire me azotaba sin ningún miramiento, obligando a mis ojos a que derramasen pequeñas lágrimas, pero a mí no me importaba. Lo único que quería era sentir algo que me hiciera olvidar la pena de mi corazón.
Las horas pasaban lentamente, haciendo que cada segundo significase una eternidad, que cada minuto fuera infinito.

No quería preguntarme cómo había llegado a esa situación, ya tenía suficiente con saber que había sido la causante. Solo quería saber cómo salir de ella, cómo explicarle a esa persona que lo necesitaba, que añoraba cómo me miraba de soslayo cuando yo estaba soñando con el paisaje, su mano cálida junto a la mía siempre fría, sus gritos raros que siempre me hacían reír, su voz preocupándose por mí, su brazo izquierdo por debajo de la almohada y su otro brazo acunándone. Sus besos infinitos que sabían a gloria, su puta obsesión por la cebolla.

La vida es impredecible, las situaciones pueden llegar a virar 180 grados de un momento para otro. Pero si dentro de tu corazón sabes que todo ha valido la pena... cualquier sufrimiento está  justificado. Si es así, el dolor se hace más llevadero, no se marcha, pero adquiere un sentido.
Y en esta vida, un sentido es lo máximo que se le puede pedir al destino.